Hace más de 30 años, Teresa Inza vio lo que nadie más vio: una esquina abandonada de Tandil, sin ochava y con ladrillos centenarios. Ella la convirtió en el alma de Época de Quesos. Venía de una familia de tamberos y de queseros, sabía del sabor, pero también del trabajo duro. Con ese impulso, y en medio de una gran crisis personal y económica, apostó todo a este sueño. No tenía recursos, pero sí una red de afectos, amigos y proveedores que le creyeron. Así, con esfuerzo, visión y una fe inquebrantable, nació este lugar que hoy es parte del corazón tandilense.
Teresa no solo vendía quesos, los creaba, los pensaba, los mejoraba. Trabajaba codo a codo con los productores locales, probando, mezclando, desafiando lo conocido, impulsando la creación de muchas de las variedades que hoy son un clásico. Lo suyo era más que comercio: era pasión, intuición, arte.
A lo largo de los años, Época de Quesos creció junto al turismo de Tandil, como si fueran parte de una misma historia. La esquina, que fue posta, pulpería, almacén y luego tapera durante años, se convirtió en un emblema de tradición, calidez y trabajo.
Hoy Época de Quesos sigue de pie sin Teresa, pero con sus hijos y nietos cuidando cada detalle, con el mismo amor y la misma cultura que ella sembró. Parte de ellos también llevan adelante
@tradicioninza , una marca que reúne la línea de quesos propios y productos que siguen respetando la calidad y filosofía con la que Teresa fundó este lugar.
Porque para nosotros, este negocio no es solo una tienda de quesos: es familia, es historia, es la picada en la mesa de casa, es el legado de una mujer que transformó una tapera en un emblema y dejó una huella imborrable en la tradición tandilense.
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