A los 15, mi padre me regaló mi primera guitarra: una Washburn insólita, mezcla de acústica y eléctrica, que me acompañó durante toda la adolescencia.
En 2009,
@garoarakelian me invitó a abrir dos noches a La Trampa en La Trastienda. Lo tomé como una señal para comprarme una guitarra nueva. Desde muy chico estoy enamorado de las Jumbo: guitarras grandes y gordas, de sonido redondo, que aguantan que las toque torpemente con estas manos de obrero. En Buenos Aires me enamoré de una Epiphone J200, versión digna y relativamente barata (aunque me pasaba del presupuesto) de la Gibson.
Con esa guitarra le di forma al sonido definitivo de
@Losproblems . A fines del año pasado, después de 16 años, la Epi empezó a fallar. Intenté todo para salvarla, incluso usando partes de la guitarra que
@azaelgomezsaez me prestó durante meses. Pero la situación se volvió insostenible: tenía que comprarme una nueva.
Con
@diegocivera0205 molestamos a todos los colegas nerds para encontrar una sustituta, pero ninguna me hacía feliz. Igual me iba a acomodar. Hasta que, charlando con mi familia, la tía Graciela me dijo: “Yo te presto la diferencia, comprate la que siempre quisiste”.
Hablé con
@ripollrafael de
@xprostore , que hizo aparecer, desde las profundidades del depósito, la guitarra de mis sueños: una Gibson J200 que suena como siempre imaginé.
Sé que son cosas de guitarrero, pero hoy es un día muy especial para mí. Una vez, una maestra de la escuela a la que fui dijo: “Los hijos de obreros también pueden ser poetas”. Yo agrego que con mucha ayuda y algo de suerte, también pueden tener una J200.
Bienvenida, Margarita. Te esperé toda mi vida.
📷 Diego Civera