Hoy renuevo el pasaporte y guardo este en el cajón. El de Estambul y los exiliados sirios, el de Pyongyang, Pekín y Moscú, el de los últimos viajes con Á. a México, Vietnam e Israel, el de Bangkok y el de los campamentos saharauis en Argelia (dos veces), el de la Kiev postMaidan y preguerra. It's been a ride.
De niño soñaba con tener un pasaporte y llenarlo de sellos. Ahora, al fotografiarlo, recuerdo lo mucho que me gustaba su papel, los dibujos y los mapas. El mundo es enorme y está lleno de misterios.
Buscando en el cajón he encontrado unos frames del documental que rodé en Corea del Norte en 2015.
Un lugar fascinante y aterrador del que solo te dejan ver algunos "escenarios".