Criar tiene matices.
No siempre es romántico, aunque quizás el amor vive justo ahí: en lo cotidiano, en sostener, en repetir “aquí estoy”.
Ser mamá hace seis años me ha llevado a lugares que jamás imaginé.
Soy la mamá que enseña con un propio mantra: “soy valiente, soy capaz”.
Una mamá que no habla de Dios, pero le enseña a agradecer al universo, a tener conciencia y a mirar con amor a los demás.
Y la que en este tiempo aprendío a cortar todo lo que no se sostiene con congruencia.
A enseñarle que empezar de cero no siempre es fracaso. A veces también es amor.
Formas de contener y ser contenida.
En un momento de mierda en el que está el mundo, mirar adentro y formas de sentirse protegida haciendo un carrete, entendiendo el amor y la presencia , lo que hemos creado, lo que verdaderamente nos hace ser quienes somos.
Ojalá fuéramos un poco más congruentes adentro.
Veo crecer a mi hijo.
No de golpe,
sino como crecen las plantas que sí se riegan:
un día notas la hoja nueva,
otro día la raíz ya no cabe.
Veo esta casita hermosa
que mi amiga me confía cuando se va,
y en el silencio de cuidar a sus gatitos
entiendo lo que es habitar con cuidado,
estar presente,
sostener.
Nos veo crecer.
A mí, aprendiendo a ser mamás
y persona al mismo tiempo.
A él, volviéndose una personita consciente
que camina a mi lado cada año,
como si supiera exactamente
por qué llegó
y con quién.
Ser mamá es una constante.
Una forma de estar despierta,
de mirar de frente,
de seguir aunque todo cambie.
Mis amigos de siempre permanecen.
Como raíces vivas
que crecen conmigo.
Familia elegida,
amor.
Gracias, Ale, por la confianza.
por el cuidado compartido,
por ese gesto que también es hogar.
Gracias, Cyan,
por decir que me elegiste
cuando eras una estrella
y yo aprendía
cómo acompañar tu luz.
Gracias, David, Mario y Tere, Javi
por ser familia,
amores,
amistades que sostienen
cuando el mundo se mueve.
Aquí estamos.
Creciendo.
Acompañándonos.
Haciendo de la vida
un lugar habitable.
Posdata. Nos gustan los gorros excéntricos .
En un año mudé de piel.
Pasaron cosas, otras dejaron de pasar
y algunas simplemente se rompieron.
Me tomó un año sanar un corazón
que no estaba roto,
solo cansado.
Un año para decidir volver a compartirme
sin promesas grandilocuentes
ni ganas de quedar bien.
El primer día del año vi una mantis.
A mitad del año me explotó un boiler en la cara.
Y entre una cosa y otra,
mi hijo aprendía a leer más rápido,
a sumar, a restar,
a entender cosas infinitas
que yo todavía estoy procesando.
Perdí cercanías, gané silencio.
Aprendí a quedarme,
a no huir,
a no explicarme tanto.
Gracias a todos por el tiempo y presencia en todos estos procesos. Qué rico re encontrarnos.
Qué ricos los espacios para leer.
Esta publicación suena a “tilinguiling” para algunas personas por aquí y para mi suena a “cloudia estrenando amiguis-espacios y disfrutando son el día de muertos”.
Posdata. @bxbfortuna tiene la mejor cámara del mundo mundial de fiesta. Y amo @vernaculo_mx
Cyan encontró un diente de león.
Se inclinó, lo sostuvo en la palma
como si sostuviera un pequeño sol.
“Te regalo este deseo”, dijo.
Lo pedí en silencio
como quien admira y respira algo que no quiere romper.
Entonces pensé : “que aparezca otro”,
y el camino breve me lo concedió.
Entonces Cyan pidió el suyo .
Y el aire,
cómplice,
pareció entenderlo todo.
Hoy a Cyan se le cumplió un sueño- el más tierno hasta ahora-. Hoy lo vimos en el muestrario del centro fotográfico del barrio que lo ha visto crecer, al que le dio al primer amigo y al abuelo Polo ( después claramente de solicitárselo al dueño jajaja ) : ahí estaba, ícono diminuto y radiante, retratado como si el mundo entero le hubiera dicho sí.
Y yo lo miré crecer de golpe, en esa esquina donde el tiempo se queda detenido.
Me atravesó la ternura, pero sobre todo la nostalgia de verlo tan alto, tan lejos ya de mis brazos.
El refrigerador ahora es santuario: imanes, retratos, huellas de lo que no vuelve.
Un muro íntimo donde se ordenan los fragmentos del amor, donde el universo cabe en las fotos de un niño que se sabe eterno por un instante.
Aprovecho para compartirles cyan en muchas etapas y la ternura de los hombres de mi vida, su guapura.
Un día descubrí que podría abrazar a mi version pequeña.
La que se quebró viendo a Bambi,
cuando supo que todos mueren.
Nadie me lo explicó con amor,
era un tema de los grandes.
Así crecí, esperando la muerte de quienes amaba.
Ahora juego con Cyan,
pintamos , inventamos mundos,
y me descubro otra vez pequeña.
Con un maestro que me enseña a volver a lo original,
a reír como si nunca hubiera sabido
que la muerte existe.
Cyan me recuerda, con su voz clara,
las frases que alguna vez le dije.
Palabras que lo acompañan:
te mereces un amor bonito,
el amor es constante,
si lo deseas, inténtalo otra vez,
la culpa no existe, solo la responsabilidad,
siempre te voy a creer,
confía en ti,
eres tuyo.
y la más simple,
la más grande:
te amo.
📸 : @nataliag_vargas ( el primer crush de Cyan)
En la tercer foto Cyan se repetía: “ soy valiente , soy capaz”. A veces creo que es esa voz que me habla en otros tiempos y tengo que creérmela.