Cuando tu amiga es Fallera Mayor de tu falla, y tú eres quien la maquilla en los momentos más importantes de su año, aprendes rápido que el orden cambia: primero va ella… y luego, si cabe, tú. O antes, según encaje.
Entre sus huecos, mientras le hacen fotos, te maquillas deprisa para su presentación, o te peinas el día anterior para robar horas de sueño.
Y esa frase de “en Fallas no se duerme” puedo decir que la llevé bastante al límite.
Porque mientras ella vivía su año grande, yo lo vivía: cerrando noches de bailes y abriendo madrugadas frente al espejo, entre brochas, mallas y clientas que iban y venían.
Vestirme era casi automático. Sin pensar demasiado, solo en acompañarla, a veces con el maquillaje de la noche anterior, porque no daba tiempo a más. Total, en un rato me esperaba una ducha exprés para quitar capas de ice gel y ojalá también saliera el cansancio.
Pero qué más daba, aquí lo importante era estar con ella: verla llorar con cada premio que daban a su monumento, hacer volteretas con el moño de fallera y la peineta puesta, o emocionarse al lucir su traje para la ofrenda. Esa mezcla perfecta de orgullo, nervios, felicidad y cansancio que solo se entiende cuando eres fallera Mayor como lo ha sido
@aitanuus_ .
Así que sí, viví estas Fallas por mí, por ella… y como buenamente pude.
Y ahora, todavía con la resaca en el cuerpo, guardo aquí pequeños fragmentos de su año, irrepetible. Como quien se guarda un clavel después de la ofrenda 🌸