ayer vino mi padre y acabamos en la ya clásica La Venencia, disfrutando como siempre. como había sido San Carlos hace unos días, brindamos un poco, no vayan ustedes a pensar que estábamos haciendo méritos para volver a la iglesia. bautizados estamos, pero la fe nos duró lo que un fino. para rematar le regalé el libro que siempre le faltaba, Tintín en el país de los Soviets, ese título mítico que durante años fue casi imposible de ver por aquí. una tarde bonita, de celebrar la vida en condiciones.