Un quebracho de 300 años de edad corre riesgo de muerte a manos del hombre.
¿Puede siquiera su imaginacion ir tan lejos como para pensar en la vida de este árbol?
300 años.
Más antiguo que el asfalto, que las rutas, que los autos.
Más antiguo que el municipio y los gobiernos.
Más antiguo que la traza de provincias.
Más antiguo que el mismísimo país.
300 años.
Imaginate lo profundo de su raices.
Cómo puede permanecer en pie un arbol durante 300 años,
si no es calando hondo, atravesando el suelo,
aferrándose a la tierra y generando una red subterránea de información.
300 años.
Lo repito como ejercicio,
para intentar comprender.
300 años.
Mis padres 60, mis abuelos 90, mis bisabuelos 120.
300 años.
Este quebracho es el último.
Es hoy un ícono y especial, es singular, único de su edad, pero no debería de serlo.
Debería ser uno de decenas, centenares de majestuosos y antiguos árboles.
Pero la codicia y estupidez humana, las estupidas ideas de “progreso” lo convierten hoy en el último,
porque a los demás ya los arrancaron, ya los enterraron, ya los mataron.
El quebracho abuelo, es una posibilidad.
¿La posibilidad de redimirse y volver el tiempo atrás?
¿De recuperar el bosque?
¿De reparar el daño infinito causado por codicia, por la soberbia de creernos poderosos?
No.
De ninguna manera, el daño es irreparable.
Pero es acaso, la oportunidad
de aprender a cuidar
algo.
La oportunidad de sostener la memoria,
la suya que habla en lenguajes de la tierra,
la nuestra
y saber
que hemos aniquilado el bosque, pero hay al menos
un vestigio de memoria,
que hoy
podemos elegir cuidar.
Es una posibilidad
de defender lo poco que queda en el territorio.
Para recordar y reafirmar una y otra vez, que no somos ajenos a la naturaleza,
que somos con ella, de ella,
que si duele dolemos,
que la idea de que somos aparte de ella
es una ficción
absurda.
Una posibilidad de aferrarnos a lo que queda,
que aun podemos frenar la marcha sin fin del progreso hacia la nada,
que aun podemos aprender a cuidar
ALGO.
O tan solo seguiremos erigiendo la ruta bien derechita
directo a nuestra propia fagocitación.
(El dibujo es en base a una foto de
@natalia.roca_ )