Este es el tercer día de la madre que paso intentando serlo.
Es raro escuchar la palabra infertilidad la primera vez, y un sentimiento de mierda cada mes en el que, estando sola en un baño del trabajo, en una cena con amigos, o en el sofá de tu casa hecha una bola, te baja la regla. Bien, porque tu cuerpo funciona. Mal, porque no del todo. Te haces pruebas. Te gastas el sueldo en suplementos. Te falta hacer el pino bajo la luz de la luna llena para agradar al destino. Lo intentas. Por qué no. No bebes, no fumas. Te cuidas, joder. Pero nada. Y entonces es difícil sonreír a medias cada vez que alguien te sugiere relajarte como si hubiese descubierto la pólvora; o demostrar la felicidad que realmente sientes con cada anuncio de embarazo de tus amigas del alma. No es fácil, tampoco, sostener los hilos de una pareja, por muy estable que esta sea. Pero es lo más importante: volvería a elegir el camino largo si eso significa recorrerlo con Jorge.
A mí me ha ayudado mucho hablarlo.
Quizá tú también sientas que algo de hoy te pertenece aunque la naturaleza no quiera. Te abrazo fuerte. Pronto también seremos las protagonistas del día para alguien 🧡