Me parece curioso cómo una ciudad tan pesada insiste tanto en cuidar cosas vivas.
Porque Ciudad de México puede ser brutal: ruido, tráfico, caos, contaminación, distancias absurdas. Y aun así, alguien decide poner una planta afuera de su apartamento.
También pienso en cómo el verde cambia según la zona. Hay partes donde las plantas abundan y otras donde desaparecen casi por completo. Como si el acceso a la sombra y al aire también fuera un privilegio.
Pero incluso así, México sigue teniendo algo difícil de explicar.
Siempre hay tacos para recibirte. Siempre hay alguien dispuesto a hablarte. A conocerte. A preguntarte algo.
La ciudad parece tener espacio para que existan más versiones de las personas.
México todavía parece tener curiosidad por la gente.
Y quizá por eso también está lleno de plantas.
Porque ambas cosas nacen del mismo impulso:
hacer habitable una ciudad inmensa.