El jardinero se dedica a buscar en el jardín. La posición de jardinero en béisbol, la más alejada de la base, se dedica a cubrir su jardín. Las IAs generativas funcionan por asociación de patrones, y los promopts activan conceptos y generan contextos. Este es el resultado de un ejercicio por asociación de dos palabras: searching [in the] garden. Dos contextos, varios resultados:
Abierto hasta que cierre. Así te recibe uno de los tantos Super Market de Barcelona. Son estas cosas las que la hacen metropolitana. Hay veces en las que no se ve el suelo porque solo hay personas, pero sucede a cualquier hora y eso hace que esté bien. Sobre todo al rededor de la Sagrada Familia, que debe ser el metro cuadrado con más densidad. Incluso a las 4:00 a. m., cuando llegan desde Les Borges Blanques los camiones con las piedras. Incluso entonces, también hay personas. Y algún Super Market que, como no ha cerrado aún, sigue abierto.
Es una ciudad-souvenir. ¿Qué se llevarán de recuerdo todas esas personas? ¿Por qué necesitamos llevarnos un recuerdo de todos los sitios? Y ojalá fuese de todos, como el recuerdo de la Agencia Estatal Tributaria. ¿Por qué tenemos que llevarle un recuerdo a nuestro entorno, y por qué de no hacerlo parece que ya no tienen lugar en tu vida? Pensando en ello, fue divertido descubrir que la palabra souvenir no está sujeta a un tamaño concreto, que no tiene por qué ser algo pequeño. Objeto que sirve como recuerdo de la visita a algún lugar: ¿si me cargo la Sagrada Familia al hombro, es un souvenir?
¿Si capturo tridimensionalmente un cuerpo tangible, lo encapsulo y lo aíslo de su contexto, es un souvenir? ¿Si convierto este cuerpo en una experiencia replicable y lo congelo en un espacio inalterable en el que no está sujeto a los cambios del tiempo, y luego lo comparto con mi entorno en forma de imán de nevera con sistema de NFC, es un souvenir?
Este es el resultado de haberle dado una vuelta a lo que se puede llevar de recuerdo a alguien de una ciudad, y lo que no. A si existen límites a la hora de acordarse de tus seres queridos y escanear fotogramétricamente para ellos un motocarro amarillo; y convertirlo de nuevo en algo físico para así replicar el gesto tradicional de traerle un imán a tu madre. Un motocarro o dos bancos del Raval, que ahora están para siempre en el no-lugar del píxel blanco y en el blanco de tu nevera.
🚧 Cerrado hasta que vuelva a abrir
☎️ Se vende, +info➜DM
📹 @dediosmalo
🐂Mi tío Ángel que me quiere mucho me ha traído este pin de Calzadilla de los Barros ☀️
Asociamos el hecho de traer un objeto a alguien de un viaje como directamente proporcional a la estima que le guardamos. Así, en nuestras escapadas —por insignificantes que sean— siempre tratamos de reservar un ratito para buscar el souvenir perfecto para ese colega que siempre te pide que le traigas algo. Porque pedir es gratis y nos gustan las cosas gratis.
En realidad debería ser mucho más sencillo. Algo tan simple como un pin puede contener mucho significado; puede ser un buen regalo e incluso ser un recuerdo. O no serlo, y también está bien porque está guapo. Porque ¿cuántas cosas hay mejores que un buen pin? Uno de una sevillana que te recuerda a tu primer viaje a Jerez de la Frontera —o a Madrid, o a Castellón, al final es simbólico ¿no?—; ese de una gilda que os pillaste los colegas por Bilbao; o el de Cobi que regateaste hasta llevártelo a un precio igualmente exagerado en el Mercat dels Encants de Barna. Algo así era lo de que uno no es de donde nace, sino de donde tiene un pin.
Coleccionista nato: tantos sitios y tanto que guardar de todos ellos. Y hacerlo con un pin, porque tomar la misma foto que ya ha sido tomada hasta la saciedad se te queda corto. Porque su tangibilidad da una falsa sensación de realidad. Porque es material, es acumulable y no tiene más funcionalidad que ser un —probablemente falso— recuerdo de algo.
Pero también admitir que acaba siendo más por deporte y por ocio, por ansia de acumulación. Porque quién decide que ponerte a la Virgen del Pilar en la gorra es un recuerdo. ¿Un recuerdo de qué, si ni siquiera es propio? Si ni siquiera la has visto. Si ni siquiera recuerdas quien te lo trajo. Y mientras, la gorra va poco a poco —el coleccionismo es una tarea ardua y dilatada en el tiempo— convirtiéndose en un recipiente. En el lugar donde guardar todos estos |falsos| recuerdos, que ya se van mezclando con esas ideas que aparecen mientras te echas una caña con tu colega, flotando para siempre en el limbo de las cosas que nunca llegan a ver la luz.
O sí, tampoco hay prisa, que ojo como aprieta el Lorenzo hoy.
✏️ @albaggandi
📸 @dediosmalo
BRAVOBARBERÁ
Marcos Villarreal is a Valencian graphic designer who loves typography and is half colorblind. In addition to his work, he also enjoys spending time in pubs and exploring his creativity through personal projects. His short-term goal is to retire and enjoy his free time.
You can follow his work through his Instagram account: @bravobarbera
[Text generated with ChatGPT on 02/10/2023]
📸: @dediosmalo