Mariajo y yo, ingrávidas.
💿 Cerco un centro di gravità permanente, che non mi faccia mai cambiare idea sulle cose sulla gente avrei bisogno di...
🎥 @bruno_thevenin
Me acuerdo del día que empezó Cuéntame, era jueves. Lo vimos juntos en Las Rozas, la verdad es que después de ese martes fue como un bálsamo y otra cosa de que hablar. Luego se bajó la espuma (o a lo mejor subió mi otra espuma, quizá los jueves a esa hora yo salía) o quizá unos años después llegó el TDT y cambio el ritmo.
Pero veranos más tarde, cuando Carlitos ya era mayor; un agosto que vivía con Noe, que trabajé, me quedé en Madrid y tuve insomnio recuperé todo el tiempo perdido. Lo ponían en bucle entre las 2 y las 6 de la mañana y me puse al día, me volví a enganchar. Menos mal!
Las primeras temporadas las comenté con mi abuela, no nos reconocíamos en lo mismo, pero entendíamos lo que veía la otra. Luego sólo estaba ahí, acompañando, como mi abuela. Mucho mucho después, aquel agosto fue mi compañía preferida, mi campamento de verano. Después empecé a verlo con Luis, cada jueves pizza y vino y un montón de cigarros. Nos mudamos todos; ellos a los Altos y yo a Acacias, pero no perdimos la costumbre. Todo cambio mucho más y soltamos hábitos, pero los jueves eran jueves todavía: sola, sin fumar, con capítulos mejores y otros peores, fumando otra vez, sin vino, sin pizza, pero con los Alcántara y Fernandez.
Reconocimos relatos y renegamos de otros y peleamos algunos (aún hoy). He visto a mi abuela, a mi madre y a mí. Salió mi abuelo en más de un capítulo (cuando recuperaban imágenes oficiales antiguas). Me he reconocido a mi yo de antes, a mi yo de ahora y a mi yo de después. Y parezca exagerado y extraño, que seguramente lo sea, ha sido compañía fiel y el final me ha costado lágrimas de despedida.
Se ha acabado y ahora queda como un álbum de fotos. Para echarlo de menos, quererlo muchísimo y poder acudir a él cuando haga falta.
P.D.: Luises, el libro.
Un momento, es que yo me vi esta película 4 veces en el cine cuando la estrenaron. Es que después me puse como a intentar pintar a carboncillo cosas, no cuerpos, era pronto para los cuerpos. Me aprendí por supuesto la canción a la flauta del cole y me forré una carpeta con recortes de Rose y Jack (Javi como lo corrige mi móvil hoy, aunque debería ser al revés y cambiar todos los Javis por Jack Dawson). Pero es que, como me suele pasar con las cosas que me gustan mucho, me vuelvo loca y obsesa durante un tiempo y me vi documéntales sobre la peli y sobre el barco, busqué hemerotecas, recortes y fotos de la época. Gracias a eso compartí curiosidades con mi abuelo que resultó saberlo todo (lo de las obsesiones, ejem) “el Titanic salió el 12 abril de 1912 de Inglaterra y se hundió el 14 de abril después de chocar con un iceberg [lease aisberg, que es como lo decía]. Tanto fue así que una de las veces me llevé a mi abuelo y a mi abuela a ver la peli a unas salas que había en el Centro Comercial La Albufera (cerraron poco después del 2000, ya con los euros).
La fiebre de Titanic pasó y quedó el recuerdo de un peliculón y un montón de preguntas de Trivial acertadas. Casi 20 años después (el otro día un amigo me decía que últimamente hace 20 años de muchas cosas y de alguna 25) se celebró una fiesta de disfraces “de los 90” y Manu y yo decidimos ir en pareja vestidos de Jack y Rose ya mojados y en el agua (gomina efecto wet y maquillaje pálido).
Resulta que este año hace 25 años del estreno de Titanic, un producto de fines de los 90, esa década de tesoros entre los que se cimentó todo lo que somos y que nunca nadie nos contó. Una película increíble, los 195 min más cortos de mi vida.
Hoy hemos vuelto a verla por San Valentin y en 3D. En mi Filmaffinity le puse un 6, supongo que en la época posterior a su estreno donde molaba lo serio y lo grave más que lo bonito y lo lleno de amor. Aproximadamente 20 años después le pongo un 10 y he vuelto a casa cantando la canción en alto por la calle.