La moda, desde afuera, no es solo ropa, es un lenguaje. Un idioma silencioso que nosotros usamos para decir quiénes somos, quiénes queremos ser o, a veces, quiénes tememos no ser. Es la primera narrativa antes de abrir la boca.
Pero también veo otra capa, la moda como un campo de batalla entre el ego y el alma.
El ego viste para ser visto.
El arte viste para ser sentido.
Cuando la moda se queda en la superficie, se convierte en ruido, tendencias que duran semanas, colores impuestos, cuerpos moldeados para un algoritmo. Ahí la moda es solo una mercadería, una distracción, una máscara. Pero cuando la moda la transformó en arte, cambia todo.
Realmente no quiero gustar, quiero revelar.
No busco vender, busco decir una verdad.
No adorna, abro una herida, un a memoria o una pregunta.
El arte en la moda incomoda, porque el arte no viste el cuerpo, viste la experiencia humana.
Se siente como hablar un idioma que casi nadie está dispuesto a escuchar.
Pero ese es justamente el lugar donde nace lo auténtico.
La moda arte tiene una función que la moda comercial no tiene, hacer visible lo invisible a lo que no podemos ver simplemente con los ojos.
Backstage
@concepcionfashionweek
Fotografías por
@daphnebelen_