aprovechando que kate me tomó una foto en la que milagrosamente me veo bien con un calor de +32° y a una humedad del 90%, abro este mini diario visual de las últimas semanas. un mapa del paso del tiempo. sí, porque el tiempo pasa, por suerte y menos mal.
Hoy les quiero compartir dos reflexiones que me dejan la última participación de un concurso de arquitectura que tuve la suerte de desarrollar con Ana Garzón, Darly Fonseca y Manuela Ochoa.
(Aquí dos imagenes del proyecto titulado: “TRAS LAS HUELLAS DEL AGUA. Un sistema para reconectar el borde costero,
los desagües naturales y la cultura productiva de Miramar)
EL AGUA COMO CAMINO NUNCA ES EL MISMO.
Seguir el camino del agua siempre ha servido para encontrar formas que median entre lo que se construye y lo que se mantiene en un lugar. A veces, conocer y seguir las formas sinuosa del agua nos ayuda a reformular edificaciones, espacios públicos o infraestructuras.
EL AGUA COMO MARCA TAMBIEN CORRIGE.
Muchos han sidos los ejemplos de no seguir el agua, muchos han sido las perdidas por ignorarla. El agua deja rastros en la tierra, como si fuera un libro, debemos leerlo, entenderlo y fluir con ella, si no se hace nos corrige con golpes sobre nuestras desiciones.
diez horas de vuelo son mucho tiempo para pensar. podría haber llegado a bogotá y estaría él esperándome, como siempre. en veintisiete años de vida, nunca llegó tarde a ningún encuentro conmigo; más bien tengo la sensación de ser yo quien llegó tarde esta vez.
pisé esta ciudad cargando cosas que le prometí: chucherías sin azúcar -esa diabetes que nunca le impidió disfrutar todas las golosinas de panadería a escondidas de mamá-, traía también las bufandas y chaquetas para el frío que me dió como si en bogotá no se necesitaran, y sobre todo, venían conmigo muchísimas muchísimas historias.
me imagino todas las preguntas que tendría sobre esos meses viajando, sobre mi vida en la isla, y mis incomprensibles (por no decir dudosas) decisiones de vida. lo imagino también contando esas historias a su familia, a sus amigos, al señor de la panadería (obvio), al mecánico del carro. contándolas como si las hubieras vivido él. eso éramos, aparte de los amores de su vida, éramos los pies y los ojos y las manos y todo con lo que él exploraba el mundo.
pero llegué a bogotá y, en su lugar, me recogió mi hermano. supongo que nunca es tarde para empezar una nueva tradición. :) llegué a casa, estaba en la cama: hola, pa. soy yo. te amo. mi muñeca hermosa, te amo más. es el día más feliz de mi vida.
y entonces entendí que no era tarde. aunque se veía tan listo para dejar esta tierra (o más bien para volver a ella). todavía podía contarle todas las historias. y eso tal vez es lo más cerca que estaría jamás de ganarle al tiempo.
La duda de lo que podría haber sido
Todo lo que implica una elección, ¿no?
No es el pasado, pero tampoco es el futuro
La línea que divide la tierra por la mitad
cuando era pequeña mi mamá y mi tía me decían mentiras. yo obviamente crecí creyendo que comer naranja en la noche te haría explotar el estómago, o que no había verduras o leche en la comida. supongo que pensaban que así me protegían (de una alimentación a base de chucherias y papas fritas). y aunque ya no les queda tan fácil mentirme (o intentar hacerme la vida menos difícil, en su defecto), todavía hoy cuidan de mí.