“El destino no ahoga, las decisiones si”
El hombre puede llegar a ser muy codicioso, pensando únicamente en el bien propio y no en el de los demás. Se deja llevar de su lujuria, egoísmo y desea no solo estar conectado a una persona, sino a varias, arrancando varios “hilos rojos” con el fin de sentirse que está destinado a tenerlos todos. Pero la responsabilidad de cada uno comienza a tener más peso y ni él mismo ya puede si quiera manejarlo. Trayendo consigo problemas, hiriendo a los demás e incluso a él mismo.
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