Hace poco pude entender que quienes están aquí, por lo que escribo o lo que cuento, están porque tengo la habilidad -más bien fortuna- de poder hablar desde lo que me mueve el corazón y las tripas.
También, entendí que soy por todas las personas que han pasado y se han ido de mi vida. Soy la risa de mi papá, la creatividad de mi hermano del medio, la estructura de mi hermano mayor y la ternura inmensa de mi mamá.
Soy porque esa peque alguna vez soñó con esto y lo logró aunque le tocara crecer antes de tiempo. Soy también las tristezas, las ausencias y las decepciones, soy mis fallas y las veces que he pedido perdón y las que me perdonaron.
Soy muchas cosas que aún no entiendo, pero que estoy abierta a recibir por ella.
En el 2017, un semestre después de entrar a la universidad, me uní a un semillero de investigación de la imagen y a los pocos meses me enamoré de la sociología y comencé mi segunda carrera. Comencé siendo la más chiquita y terminé siendo coordinadora.
Siempre supe que quería ser periodista y contar historias, con la sociología supe cómo hacer de mi oficio una herramienta para otros. Estas fotos las tomé hace 7 años, las encontré hoy y mirando para atrás -parada en unos meses en los que siento que perdí todo mi suelo- me doy cuenta que siempre fue -fui- esto.
Recordé que siempre quise contar historias pero que sirvieran de algo y para algo. También recordé que amo enseñar y amo escuchar; que he sido maestra, pero también aprendiz de personas que llevan menos años que yo existiendo y, sin embargo, me han mostrado mundos que no conocía.
Gracias a la escritura y a la imagen por devolverme quien soy cuando el dolor me aleja de mí.
Quiero volver a tierras niñas;
llévenme a un blando país de aguas.
En grandes pastos envejezca
y haga al río fábula y fábula.
Tenga una fuente por mi madre
y en la siesta salga a buscarla,
y en jarras baje de una peña
un agua dulce, aguda y áspera.
#35mm #35mmfilm
Los domingos han sido designados para doler, para acurrucarme en la tristeza de no tenerla y hundirme un poco antes de volver a salir a tomar aire.
Estas fotos -de nuestra última semana juntas- me recuerdan que encuentro un gran alivio en lo simple y rutinario.
Lo simple de su último desayuno: los pancakes de arándanos que siempre me pedía para fechas especiales, incluso cuando ya no podía comer.
Lo simple de la última foto que me tomó: acostada en mi cuarto de adolescente, con una pijama que ya no me queda, justo después de darme la bendición para dormir.
Lo simple de verla durmiendo, de acompañarla a orar, de escucharla cantarle a los gatos y de tomarle la mano cada vez que tuviera la oportunidad.
Te amo, ma. Gracias por darme el regalo de maravillarme con lo simple.