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La imagen en movimiento. Filmar en celuloide era para mí un pendiente latente al que no le dí su momento, hasta ahora.
Gracias a Nico
@_implosiones , quién heredó una cámara de 8mm japonesa Nikon Nikkorex-Zoom 8 que no habia sido usada en aproximadamente 50 años y con toda la curiosidad de quienes reciben un juguete nuevo, nos aventuramos a la experimentación que se convirtió también en una grata iniciación.
Nos juntamos un lunes 8am con cámara y película Foma reversible en blanco y negro, film de 16 mm que se expone en sus dos lados para luego ser cortado por la mitad y convertirse en un 8mm. Caminamos para filmar de manera libre lo que llamara nuestra atención, turnándonos la cámara, probando distintas distancias focales y diferentes situaciones de luz para capturar estos pedazos de tiempo. Cada fotograma mide tan solo 4.5 mm, el tamaño más pequeño existente. De ahí su pobre definición.
Mientras filmábamos llenos de expectativa, el lente con hongos, la cinta granulada y su poca nitidez; hacían su trabajo, convirtiendo en pasado de manera inmediata, el paisaje limeño que teníamos frente a nuestros ojos.
Hay algo que siempre me resulta hermoso de la película. De su lenguaje inocente, sucio e imperfecto. De su calma, su pausa y sus tiempos lentos, que logran capturar lo que ninguna tecnología moderna puede. Algo en su aparente carencia que resulta en un misterio revelador y brillante.
Imagenes: Nicolás Gjivanovic
@_implosiones + Juan Pablo Aragón
Edición:
@sandravilla_rreal
Música: Juan Pablo Aragón
Revelado + Digitalización:
@lima_loop_lab