Ya me iba, aun me quedaba mas de 1 hora de caminata entre mata atlantica y cantos de pajaro, el sol se ocultaba minuto a minuto bajo los morros y la oscuridad abundaba entre la tupida vegetación. Al mirar hacia el mar diviso en una lancha un grupo de personas llegando junto a sus tablas, la emoción por la luz que entraba y el increíble paraiso que me rodeaba fue mayor que la preocupación por llegar tarde al transporte que me devolvería a la ciudad.
Escalando rocas decidí posicionarme a la espera del momento perfecto para hacer los disparos. El mar estaba agitado y cada ola que pegaba en las rocas se acercaba un poquito mas a mi camara, pero el riesgo valio totalmente la pena.