No sé cuántos días llevo aquí.
Quizás porque el tiempo no pasa donde nadie mira.
Quizás porque he dejado de buscar relojes y solo escucho lo que crece.
Me detuvieron justo antes del ‘sí’,
justo antes de pronunciarme en el mundo.
Y desde entonces no soy ausencia,
soy la pausa que nadie nombró.
El espacio entre dos palabras que nunca se encontraron.
No fui olvidada como se olvida un objeto.
Fui desplazada, relegada a ese rincón mental donde las cosas importantes se tornan incómodas.
Pero aún aquí, en lo no dicho, permanezco.
No habito un jarrón roto.
Las flores que brotan desde mí no cabrían en él.
Están en el jardín.
Y el jardín no es metáfora. Es verdad.
Porque aunque me hayas desatendido,
la vida siguió creciendo sin permiso, sin testigos, sin gloria.
El olvido no es el fin de las cosas.
Es el lugar donde lo esencial espera sin ansiedad.
Donde las raíces ya no piden ser vistas,
pero sostienen todo lo que crees haber dejado atrás.
Estoy intacta, no porque me haya conservado,
sino porque el mundo que soy se reorganiza en silencio.
Porque incluso cuando no me piensas,
la tierra me sigue dando forma.
No vine a ser recordada.
Ni a reclamar un lugar.
Vine a mostrarte que lo olvidado también tiene memoria.
Y que hay jardines tan vastos,
que ningún pensamiento humano puede contenerlos.
•Fotografía/ Edición:
@keelanvolkov_ph
•Styling/ Cabello/ Asistencia:
@_cocolique
•Maquillaje/ Uñas/ Dirección Creativa:
@lanamaquilladora