Malandro vive na cidade gozando as delicias deste mundo. El malandro, específicamente el carioca, era un tipo estéticamente armónico: sombrero panamá, traje de lino blanco, camisa de rayas y zapatos de piel. Era elegante, bohemio y llevaba una navaja en su bolsillo. Antes que un trabajo formal prefería las actividades ilícitas, como el juego, el robo, el engaño y las estafas, por eso no podían ser unos tontos. Para ser consecuentes con su estilo de vida dionisíaco la seducción era tan importante como sus navajas; la fiesta, la música y las mujeres eran causantes de sus deseos y placeres.
Antes del desarrollo de las favelas en Brasil -entre 1930 y 1940- todos los tipos valientes, vagabundos y malandros ya existían en el imaginario popular. Desde los años 20 la MPB, específicamente la samba, estaba inundada de testimonios populares donde los sambistas se declaraban malandros y se indentificaban con el malandragem.
El azar puede ser muy lindo y —entre tantas otras veces— lo supe cuando coincidí con
@diegolarrique (Diego Larrique). De tardes y días escuchándolo y a veces leyéndolo, yo, con un bagaje de sambas que no entendía mucho, tuve una curiosidad por investigar qué es ser malandro y decidí acercarme a la pregunta desde la música. Escogí mis sambas favoritas que, a través de un viaje sonoro, retratan qué es ser malandro en el Brasil.
🇧🇷 En el link de la bio de
@__cannet está el artículo completo y el playlist. Síganme en esa cuenta que compartiré cositas que tienen ver con música.