Mírame reír, por favor. Mírame y veras, segundos después, que soy un niño triste, mirando a la nada, preocupado por los pájaros que vuelan. Toco tu rostro, pienso en el viento del sur. Miro tus dientes, ya no se que hacer con esto. Un corazón acabado, una mente que atraviesa el espacio y tiempo, un agujero de gusano que dobla la dimensión entre lo real y lo que imagino. Es como caminar, es como dejar de ver, como dejar de fumar. Que tranquila estaba la tarde hoy, la gente volviendo a sus casas, los pisos sucios de ahumada, las cerámicas gastadas, un celular robado y los pasos incontrolables de una masa que no sabe a donde ir. Soy un niño triste, te digo, por que no tengo fotos de mi infancia pero la recuerdo así. Me dijeron que llovería y que yo vería lo que hace el agua con la ciudad. Que es eso de arriesgarse? de lanzarse a los caminos? si aquí en Santiago llueve y todo se atasca, las tomas del trébol se deshacen, la luz se apaga y hay que llamar al pela cables. Soy un niño triste, digo, un adolescente triste, un adulto triste. Pero que bien nos vemos todos caminando una tarde de agosto. Nuestras siluetas quedan en la pared como producto de una bomba, de esas que iluminan las ciudades, que mutea mis tímpanos.
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Fotito viejita tomada por la pulentita
@azabachecorazon 📸